Ciencia y tecnología: de la competencia a la complementariedad

La articulación internacional se vuelve un factor clave en todos los sectores, entre los que se destacan la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación.

Si hay algo que la coyuntura está dejando claro es que, ante desafíos globales, se necesitan acciones coordinadas multilaterales. Requerimos de la implementación de soluciones a partir de la interrelación de bloques regionales en los que las políticas de los estados sean complementarias y donde cada país pueda aportar desde sus áreas mayor fortaleza y especialidad.

Para lograr estos consensos, la articulación internacional se vuelve un factor clave en todos los sectores, entre los que se destacan la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación.

Debemos dejar de pensar en la cooperación parados sobre el viejo modelo de desarrollo. Atrás deben quedar las “carreras” entre países para apropiarse de un determinado conocimiento. Estamos frente a un nuevo paradigma que necesita apostar por la ciencia para un desarrollo sustentable e inclusivo.

Ningún país –tampoco ninguna región– tiene todo lo que necesita. La competencia debe ser reemplazada por la complementariedad y por la articulación multidisciplinaria y multisectorial. La construcción reactiva debe volverse proactiva y permitir generar procesos para estar por delante de los problemas y no detrás de ellos.

Los diálogos relacionados con la innovación deben estructurarse en una política determinada y no ser aleatorios.

América latina tiene el gran desafío de establecer como prioridad la generación de mecanismos de financiamiento a la innovación a partir de la formulación de políticas públicas que articulen el saber científico con el sector productivo. Sin políticas nacionales, no hay cooperación internacional y no hay cooperación internacional sin financiamiento.

De manera gradual tenemos que duplicar la inversión en educación, y triplicarla en investigación, en desarrollo y en innovación en los próximos 10 años. La cooperación necesita de una estrategia alineada tanto al país como a la región, y con un presupuesto bien definido.

En un mundo globalizado, ya no podemos mirar sólo al norte o al sur para buscar aliados. Es importante empezar a mirar hacia todos lados, incentivando la estructuración de regiones y el establecimiento de procesos multilaterales que involucren a ministerios, a universidades, a centros especializados y al sector privado.

Es clave la vinculación e internacionalización por parte de las universidades y de los centros de investigación.

Y allí es donde se vuelve fundamental consensuar, invertir y tener estrategias que eviten la condena de la endogamia que se está dando en los países desarrollados, los cuales miran cada vez más hacia adentro y se alejan del exterior para ejecutar programas y proyectos de desarrollo.

Nos vemos obligados a trabajar sobre los problemas de articulación en la región corrigiendo la fragilidad en los sistemas locales, nacionales e internacionales; considerando la salud y la educación como bienes públicos globales, y generando ecosistemas que fomenten la articulación.

La ciencia y la educación deben acercarse a los problemas sociales con la promoción de investigaciones e innovaciones responsables, transfiriendo tecnología a los sectores sociales y reconvirtiendo la función de instrumento político de la cooperación.

Argentina es un país referente para la región en esta materia y sus experiencias son inspiración para otros estados, por lo que estamos llamados a afrontar este desafío.

* Director para Argentina y Colombia del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE)

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