Contratos de trabajo remoto dolarizados: no todo es color de rosa

En los dos últimos años aumentó significativamente la demanda global de profesionales; cuáles son los puntos positivos y las desventajas de este tipo de empleo.

Ala puja internacional por conseguir el mejor talento en pandemia se sumó el fenómeno de los contratos de trabajo remoto y dolarizados: una realidad imparable en la Argentina y en la región. Es notable cómo en estos últimos dos años aumentó la demanda internacional de profesionales en países donde los costos de vida son más bajos, medidos en dólares.

En este escenario se desata una competencia desigual, que impacta en muchas empresas locales que ven partir rápidamente de sus estructuras a profesionales, principalmente, de mandos iniciales y medios.

Las búsquedas de trabajos remotos y dolarizados llegaron, años atrás, a tentar con éxito a los profesionales asociados a la tecnología.

La cuarentena amplió la demanda a profesionales de marketing, finanzas, comunicación y recursos humanos. Ahora, el impacto se siente fuerte en posiciones netamente operativas o que no requieren alto nivel de formación.

Conseguir un contrato en moneda extranjera representa una enorme oportunidad para navegar una crisis de ingresos que no parece tener fin. Ante este fenómeno, las empresas que obtienen ingresos en moneda local están sin herramientas para contener el drenaje de talento que debilita sus equipos.

No es sencillo encontrar una fórmula válida para actualizar las compensaciones de cada uno de los empleados en un contexto de alta incertidumbre. La tentación de independizarse, trabajar remotamente y recibir dólares es algo cierto para muchos.

Sin embargo, corridos ya algunos pocos años de éxito inicial de estas propuestas remotas y dolarizadas, emergen asuntos que vale la pena analizar. Sobran casos de trabajadores que quedaron expuestos a cambios de condiciones ante la renovación de un contrato, o directamente a una desprotección absoluta ante el despido.

También es notable cómo cada trabajador remoto se las arregla para ser muy creativo en el manejo de sus ingresos: recibir su compensación en moneda extranjera, pesificar para sus gastos domésticos, invertir y mover dinero en el exterior, justificar ingresos ante bancos y alinear su situación a la realidad impositiva del país.

Muchos trabajadores remotos van sintiendo que esta opción incluye algunas pérdidas de beneficios que valoraban, como la cobertura médica, el auto, un gimnasio, la infraestructura de la oficina y vacaciones pagas, entre otros.

Los “contratantes del exterior”, principalmente empresas de Estados Unidos y Europa, no son ajenos a las dificultades de aplicación de estos contratos. Sufren problemas de deducibilidad de estos gastos ante impuestos de sus jurisdicciones.

Hay debilidad jurídica de los contratos ante esquemas de compliance duros de empresas que, por ejemplo, cotizan en bolsa o son auditadas por organismos de contralor. Otras recibieron malas calificaciones en sitios donde empleados o exempleados cuentan su experiencia; eso termina afectando a las contrataciones en la región.

Las empresas locales no se dan por vencidas y ensayan soluciones para hacer frente al drenaje que sufren. Hubo iniciativas en los últimos años, algunas impensadas hasta hace apenas algunos meses, como el “salario split”. Son ofertas de empresas locales con capacidad financiera en el exterior que empiezan a ofrecer aumentos, bonos o premios pagaderos en el exterior en dólares.

Otras plantean, en nuevas contrataciones, un esquema mixto de entrada en el que negocian con el candidato dividir el salario; una parte en relación de dependencia convencional del país donde de residencia, y otro pago en moneda dura y en el exterior.

La vuelta paulatina a la actividad plena plantea un nuevo horizonte para los profesionales. Hay quienes siguen convencidos de que la opción de trabajar remoto y dolarizados les cambió la vida. Y están quienes creen que la etapa de gloria de esta modalidad ya empieza a declinar. Señalan que las oportunidades de progreso se multiplican al volver a la dinámica de la oficina, al pertenecer a un equipo de trabajo, competir por un cargo, participar de proyectos e interactuar con otras empresas y desarrollar rápido una red de contactos que es lo que perdura, incluso en las crisis.

En el mercado laboral abunda la diversidad. Hay etapas y condicionamientos en los que convendrá estar bajo uno u otro estatus. Reaccionar por capricho y dejar un trabajo formal para vivir de proyectos temporales puede ser tan dañino como jamás plantearse un cambio laboral y esperar a que la realidad sola componga todas las variables.

Estamos ante un nuevo paradigma, conviene analizar las oportunidades de cada opción antes de decidir o estar listo para combinar las dos situaciones. Las empresas se llevan un aprendizaje en lo que respecta al conocimiento de sus talentos. Saben que será necesario ser creativos para encontrar nuevos mecanismos para contenerlos.

Fuente: La Nacion

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La Rioja Digital

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